Camino de Santiago. 01

Si se dispone de la firme voluntad y de tiempo suficiente para emprender el Camino, lo que menos se desea es tener que abandonarlo prematuramente, antes de llegar a la plaza del Obradoiro.

En este capítulo voy a relatar cómo preparé los sólidos cimientos que me condujeron a la meta, sin lesiones y con los pies en perfecto estado. De hecho, en todo el trayecto, mis pies no exigieron ninguna atención especial .

Para la mayoría de los mortales el reto tiene su miga. Redondeando, desde Roncesvalles la experiencia cuesta la nada desdeñable cifra de 1.200.000 pasos. Se incluyen pasos extra para encontrar alojamiento, comestibles, cajeros, visitar algún punto de interés, etc.

Antes de empezar no todos tenemos la misma edad ni condición física. Poniendo mi experiencia como ejemplo, el sistema locomotor que me desplaza ya había superado la ITV de los 60 años. Practico actividades deportivas con regularidad y mis excursiones no solían superar los 10km.

Entrenamiento físico

Empecé haciendo caminatas en terreno llano, cada 3 o 4 días sin mochila, aumentando progresivamente su longitud, hasta alcanzar los 20 km. Intercalaba alguna excursión más corta, pero con desniveles de entre 400 y 800 m. Durante esos entrenamientos prestaba especial atención a la mecánica del paso, procurando que sólo trabajaran los músculos estrictamente necesarios, para economizar energía y evitar tensiones innecesarias, que derivasen en contracturas.

Un par de semanas antes de la fecha de inicio, ya disponía de las botas y la mochila seleccionadas para la ocasión. Por lo que los últimos entrenamientos tuvieron como objetivo el perfecto acoplamiento con mis inseparables compañeros de viaje. Lo mismito que el cangrejo ermitaño y su concha.

El calzado

Botas

No hace falta insistir en la extrema importancia del calzado. De él depende el 40% de tus opciones de éxito, otro 40% se lo apunto a tu condición física y mental, el resto depende de tu mochila. Reservando un mínimo porcentaje por si te cae basura espacial en la cabeza

Una vez finalizada la etapa, se necesita un calzado de descanso. Ya que en algunos albergues no te dejarán pasar con las botas embarradas, mojadas o polvorientas. Lo necesitas mientras se secan las botas de caminar, también para ir a las duchas etc. Yo me decidí por unas «crocs» originales, no de los «chinos». La diferencia de calidad es abismal. Hice dos etapas completas con las crocs a plena satisfacción. Son ligeras, cómodas y permiten que el pie se descongestione rápidamente. La única pega que se les podría poner es: su volumen (dentro de la mochila).

Calzado para descanso
Mis «crocs» todo terreno, bastante feas, pero muy prácticas.

Si las botas son el nombre, los calcetines son el apellido. No escatimes en su elección y aprovecha el periodo de entrenamiento para escogerlos con sabiduría. Para concluir el tema del calzado; algunos peregrinos llevaban zapatillas deportivas, pero sólo iban a hacer unas cuantas etapas, considero que con agua y barro en abundancia no son apropiadas. Me aconsejaron, como secreto para no tener ampollas, que sólo me mojara los pies en la ducha. A mí me dio resultado. Sin embargo recuerdo a una joven galleguiña, había empezado el Camino en León. Después de dos etapas, al llegar a Astorga, sus pies eran un «siniestro total». En la siguiente etapa, con el aliciente de una borrasca infernal de nombre Giselle, tuvo que abandonar.

Puesto que los pies son fundamentales para esta misión, me proporcioné un buen calzado de gama alta; ligero, resistente al agua (gore-tex) y de media caña.

La mochila

Los técnicos en la materia aconsejan que el peso de la mochila y su contenido no supere el 10% del peso corporal. Ello supone de 7 a 8 kgr, para un españolito-a estándar de mediados del siglo XX. ¡Ya veréis lo pronto que se sobrepasa ese límite!
Por otra parte, según recomiendan los veteranos de la peregrinación, la mochila debe tener una capacidad (tamaño) de entre 20 y 40 litros. Con una estructura sólida y ventilada. No debería contener objetos con el apellido ‘por si acaso’

Es de vital importancia aprender a colocar la carga en su interior, tanto como a acoplarla correctamente en la espalda. El peso debe recaer, sobretodo, en la cadera, el apoyo en los hombros es para que no se mueva. Si así lo hicieres, tus discos intervertebrales te estarán muy agradecidos durante algunos años, máxime si ya se tiene una cierta edad.
Mi elección fue una mochila de 18 litros, complementada con un bolso, tipo «mariconera» que lo llevaba acoplado en el arnés pectoral. En dicho bolso, de rápido acceso, iban el teléfono, la cámara de fotos, las secciones de economía administrativa y financiera, y una navaja suiza multifunción, para defenderme de ataques de lobos y osos.

Empezaremos a introducir lo fundamental en la mochila. Con un volumen tan limitado, la tarea es sencilla. Se descarta el saco de dormir, que se comería la mitad del espacio disponible. En su lugar puse dos sábanas-saco, una de algodón y otra de forro-polar. Fue un acierto, pues en todos los albergues había mantas. En algunos, además, sábanas desechables, que no me acaban de convencer, por el tema de la sostenibilidad.

Las toallas normales también ocupan bastante espacio. Una de microfibra compacta de 50x110cm, con un volumen similar al de 2 cajas de CD me resolvió la papeleta. Como esponja: un estropajo de dos caras «espontex», con la parte suave hacía un presecado y con la toalla el secado final. Media pastilla de jabón, un tubo dentífrico, medio cepillo de dientes, una maquinilla de afeitar y un peinecito. Suficiente para estar guapo todo el viaje.

La ropa para la marcha

Mi uniforme de peregrino estaba compuesto por un pantalón hidrófugo, (no impermeable), un boxer, una camiseta térmica, un maillot ciclista de manga larga y cremallera, una bayeta de microfibra para el cuello, un buff para la cabeza con sus respectivas orejas y unas gafas de sol de adorno. Digo adorno, porque sólo trabajaron una horita escasa en la nieve, al entrar en Galicia.
La mayor parte del recorrido lo realicé entre -5º y 10º C. Los días de frío y lluvia se impusieron por goleada (28:5), a los días que podríamos calificar como agradables.

vestimenta para caminar

En esas condiciones pudiera parecer un equipamiento «espartano», si no fuera porque lo compensaba con un ritmo de marcha casi «legionario», que me proporcionaba una dosis extra de calor, reforzado con «el truco del almendruco»: unas 3 hojas de papel cubriendo el pecho. Mano de santo, pues aumentaba la protección contra el viento y el frío, además de absorber la humedad. El papel de embalaje de Amazon va genial. Sin olvidar que no necesita mantenimiento.

Ninguno de los 3 pares de guantes, de diferentes materiales, consiguieron evitar las interminables horas de dolor en las manos, ateridas por el frío . Las aproximadas 1.200 fotos que hice ayudaron a ello en un constante «quita y pon».

La ropa para el descanso

Esta es la que ocupaba espacio en la mochila. Una camiseta térmica, otra de algodón, un boxer, unos gayumbos largos térmicos. Unos pantalones finos de algodón, una chaquetilla de chándal de forro-polar y 2 pares de calcetines. Al terminar la etapa me lo ponía todo, mientras se secaba lo demás. Tengo que reconocer que, en algún momento, eché de menos no disponer de un jerselico de refuerzo.

Complementos

Como complementos imprescindibles: un paraguas antiviento y/o un poncho impermeable que me salió rana (para el futuro queda descartado). Explicado con brevedad:

Con el poncho, lo que no te moja la lluvia, te lo moja tu sudor, favoreciendo la deshidratación. Siempre acaba calando y NO te permite tomar fotografías.

Con el paraguas sólo te mojas por debajo del muslo. SÍ, se pueden hacer fotos, cuando el viento no se opone a ello.

mis complementos recomendables
Un paraguas plegable antiviento. Un poncho impermeable.Un bidón de plástico de ½ litro para la bebida.
1*) Un bastón telescópico.Tapones para los oídos.Antifaz para dormir.
3 Ganchos en S para colgar ropa. Aguja de coser y un poco de hilo. Una mini libretita con bolígrafo, como «cuaderno de bitácora».
Un frasquito de protección solar.4 Sobres de ibuprofeno 600. 2*) Un botecito de pomada «vics vaporub»
Sobres de café soluble. Un tubo de leche condensada. 3*) Frutos secos + plátano.

Sobre la marcha tuve que ampliar el equipamiento, por exigencia operativa: *Un cinturón, porque se me estaba poniendo cintura de avispa. *Una sartén antiadherente, porque las de los albergues no superaban mis controles de calidad.

  1. Un segundo bastón, porque los tendones peroneos de una pierna tenían envidia de los de la otra.
  2. La pomada «vics vaporub» es útil para muchas cosas, aunque afortunadamente, no tuve que recurrir a sus bondades.
  3. Siempre hay que llevar una pequeña reserva de energía, por si te viene un bajón o «pájara».

Estoy convencido de que siguiendo estas directrices orientativas estarás en el buen CAMINO.

En el próximo capítulo trataré la financiación, la navegación.Volver

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